Es muy común asignar a ciertos animales cualidades humanas lo que se conoce como antropomorfismo. Los perros llevan mucho tiempo a nuestro lado acompañándonos y ayudándonos. Forman parte de la familia y es bastante frecuente escuchar a los propietarios contar infinidad de historias atribuyendo a su perro cualidades humanas. Es importante desechar este tipo de atribuciones para conocer los motivos reales del comportamiento de nuestro perro.

Sin embargo, nuestros amigos los perros no pueden desarrollar estas cualidades. No son capaces de demostrarlas ni a través de la herencia y ni del comportamiento aprendido.

¿Celosos o Jerárquicos?

Algunos propietarios nos relatan ejemplos de acciones que realiza su perro y lo que ellos entienden como que su perro es claramente “celoso”. Seguramente muchos propietarios tengan la misma consideración de esta situación. Nos cuenta que: ”

“Estando en casa en compañía de nuestros dos perros nos acercamos a uno de ellos o nos acercamos a uno de nuestros familiares. En ese momento uno de los perros se acerca a nosotros intentando separar esta relación porque está celoso”.

Sin duda el propietario cree que el perro ha sentido celos. Sin embargo la explicación a este comportamiento no es esa. El perro actúa para mantener el orden jerárquico. Con estas actuaciones expone al resto de la manada (humanos y no humanos) que el mencionado orden no les permite el saludo al líder antes de recibirlo él.

El comportamiento que los propietarios asignan a su perro como el de los “celos” se basarían en la posesión, rivalidad y respeto a uno mismo. Sin embargo todas estas características y cualidades son únicamente humanas.

¿Sabemos leer lo que nos dice nuestro perro?

No es ningún secreto que la falta de conocimiento en multitud de ocasiones por parte de los propietarios de la sutiles señales que los perros emiten en sus relaciones acaban en mas de una ocasión con la agresión por dominancia contra esa persona que no ha sabido interpretarlas y ponerle remedio.

Habría que observar el comportamiento del segundo animal que actuando instintivamente deja paso al dominante poniendo a jugar todas y cada una de las “señales de calma” necesarias para ser comprendido como sumiso ante su compañero cánido.

A lo largo de la evolución histórica de su naturaleza como animales gregarios sociales han desarrollado las señales de calma y el comportamiento dominante-sumiso. Han aprendido que para poder sobrevivir es necesario constituir una estructura basada en el binomio de dominancia-sumisión. De no hacerlo así se expondrían una continua lucha que terminaría en la extinción de ese grupo social.

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