Desde que nuestras mascotas nacen luchan por controlar a la manada. Los cachorros realizan estos juegos entre sus hermanos. Empiezan a tan corta edad a través del juego. Se corrigen unos a otros mordiéndose, empujándose y chillando para establecer los limites y niveles jerárquicos. En medio de esta situación se encuentra la madre que aunque no interviene directamente permanece vigilando para que no se causen daños irreparables.

Por este motivo es tan importante el periodo de relación y contacto que se establece entre la madre con el cachorro y entre los hermanos. El cachorro siempre debería permanecer con su madre y hermanos como mínimo hasta los dos meses de edad. Un aprendizaje que a veces no se realiza porque el cachorro es separado antes de tiempo de su familia. Esta circunstancia provocará que el perro no controla su mordida y que no haya sido socializado correctamente.

Cuando unos de esos cachorritos acceden a nuestra casa y conoce a los nuevos integrantes de su manada, el comportamiento aprendido para jerarquizar a sus integrantes aflora nuevamente. Deberemos corregir a nuestro cachorro cuando sea violento. No hay que estimular ni premiar esta conducta. Seremos nosotros siempre quienes empezaremos y acabaremos el juego cuando nosotros lo deseemos y así le enseñaremos.

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